Hablar, o mejor dicho, leer las palabras del arrugado puño y letra del “titán” periodístico: Don Julio Scherer García, solo significa un par de cosas: controversia y pereza. Muchos fanáticos que predican la religión “Schereriana” me podrán tachar de inexperimentado e ignorante por decir que sus obras me dan risa y me provocan bostezos. ¡Blasfemia! ¡Arderás en el infierno! ¡pendejo!, etc, serían los insultos (exagerados e irreales) que recibiría, pero ¿Saben algo? Seguro a ustedes les pasaría o les ha pasado lo mismo.
Precisamente, hace unas horas terminé de leer uno de sus ‘sagrados testamentos’: La Terca Memoria, y reafirmo lo escrito con anterioridad.
Antes de adentrarme en sus paginas, estaba seguro que lo iba pedir prestado para fotocopiarlo porque soy re-pobre. Por azares del destino, su nietecita de Don Julio es de mis valedorsisimas de la universidad y por cierto, ella muy amablemente me lo roló . Junto con el préstamo vino una crítica no muy objetiva que digamos.
- Neta esta buenísimo el libro - dijo Sofi
Fingí demencia y dije:
- Gracias güera- y me retiré
Obviamente, haciendo honor a la fama de su abuelo materno. El chiste es que yo no le creí mucho. Leer “La reina del pacifico” y su reciente entrevista con el Mayo Zambada fue mucha faramalla para mí (aunque son buenas aportaciones, para mi formación en la materia).
Tardé alrededor de 5 horas en leerlo, repartidas en 5 días. La verdad es que lo leí con atención en la combi que me lleva a mi pueblo donde ni el ‘diablo pone la cola’: Ixtapaluca.
Desde el prologo me percaté de que efectivamente, Julio Scherer era el autor de tantas líneas mamonas, presuntuosas, con aires de divinidad y superioridad, recordemos que él es la reencarnación de Jesucristo, pero en lugar de carpintero, renació como periodista y predicador de la verdad: todo mundo lo traicionó y lo crucificaron, bueno, casi como “Jebús”, pues a diferencia de El, Scherer a nadie le otorgó el perdón, al contrario, sus aires de grandeza, aumentaron su mamonés y fomentó en sus “obras bíblicas” el rencor.
Son doscientas treinta y seis páginas, que recapitulan, esta vez de manera personal, el golpe a Excelsior. Cita mil ocho mil documentos legales, que balconean a sus enemigos. Farolea acerca de sus amistades de la farándula. Se victimiza el pobre, el siempre ha sido el blanco de la fraudulenta política mexicana. Casi casi, el libro lo plantea como diciéndonos: Yo soy un chingón y el que me hace me la paga.
Pero como todo en la vida, tiene sus puntos a favor, aun con la carente simpatía que tengo por el. Por ejemplo a manera de humor involuntario –creo yo- nos cuenta su “dificil” aventura con unas chicas de la vida galante, me hizo carcajearme un buen rato; ¿Aceptar la generosidad del señor Hank González, convertida en una cuadrilla de caballos de fuerza y tener el cinismo de seguir negando que jamás ha sido comprado?; el madrazo que le propinó Vargas Llosa a Gabriel García Márquez en plena exhibición en la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica, ¿Se imaginan al gran premio Nobel del 82 con un chingadazo en el ojo?; y no puede faltar, el pasaje donde el protagonista de El Padrino, Marlon Brando, instruye a Vicente Fox acerca del orgullo de ser mexicano y vivir en suelo tricolor, pobre Chente, me lo bajaron del corcel con todo y Martita; para regresarlos a estudiar la historia de México.
Pero bueno, ya basta de mencionar los pasajes chuscos y polémicos que me movieron la fibra risueña. Como autobiografía debo aceptar que es un buen ejemplo de lo que es el trabajo periodístico, por que contiene santo y seña de todo lo que acusa, afirma y niega.
El señor Scherer hizo su trabajo – al menos eso quiero creer- e investigó minuciosamente cada detalle para contarnos de manera profesional los momentos importante de sus 84 años de vida. Tal vez por este punto, la lectura se nos hace cansada. El pasar de las páginas nos arroja documento tras documento que funge como evidencia de toda su redacción.
Pero bueno cada quien tiene su punto de vista. La mía esta mas que evidente, pero debo recalcar que al finalizar el libro me amplió e incluso me reveló información y pasajes históricos que no conocía o no comprendí en investigaciones pasadas. Puede o no agradarnos su lírica, pero como documento histórico es buen material para los futuros comunicadores, que tenemos la obligación de conocer la mayor parte del círculo periodístico.
Posdata: Para que tengan una idea de cómo se tiran de pedradas, y el rencor es el sentimiento recurrente en varios periodistas, al terminar de leer el apartado de Héctor Aguilar Camín en La Terca Memoria, échenle un vistazo a su columna publicada en el diario Milenio el día 5 de Abril de 2010, titulada: Zambada y Scherer. Como dicen por ahí: cachetada con guante blanco.
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